Fondo de salud, el viaje

El calor en el 20 era infernal, por cada dos pasos el cuerpo exigía tirarse en la hamaca, con un boli y el ventilador a todo lo que da. O para quienes estábamos en la entrada, la puerta abierta con esperanza entrara algo de viento. El problema no era estos descansos, sino la periodicidad con la que ocurrían enfrentándose a las ganas de hacer algo todo el tiempo. Si algo era claro es que las actividades eran muchas y el tiempo no era eterno, la necesidad de aprovechar cada segunda era compartida.

Todo trabajo, caminata y plática bajo el sol se veía recompensado 3 veces al día. Esos momentos de comida con Ofe o Rosa, según tocara, eran la pausa necesaria para desconectarse del cansancio, del momento presente, y también en momento de conocer a las personas con las que compartíamos esta experiencia. También estos momentos eran un espacio de reflexión importante, contrastar lo vivido contra lo platica, generaba en el cuerpo, en las ideas, en la conversación una transformación y provocación que motivaba a levantarse y continuar caminando bajo ese sol.

El 20 nos enseñó que no hay mejor forma de conocer a la gente que hablando con ella. Aun cuando conocíamos ya este lugar después de leer y escuchar durante medio semestre sobre las personas que viven ahí, el escucharlas de viva voz nos hizo darnos cuenta de que no solo se trataba de personas con problemas de acceso a un servicio de salud especializado. Se trataba de madres con enfermedades crónicas teniendo que ir de forma constante a un hospital, padres que por accidentes laborales se veían obligados de vender parte de sus propiedades y afortunadamente pocos casos donde niñas o niños necesitaban de una revisión médica especializada constante.

Al final no queda más que recordar y agradecer todos esos momentos que nos hicieron sentir que todo el esfuerzo valió la pena. Agradecer a las mujeres que acudieron al primer taller y lo hicieron una experiencia infinitamente mejor que lo esperado. Agradecer a las mujeres que acudieron al segundo taller en el momento justo que sentíamos nadie iría y que nos quedaríamos sin poder concluir. Agradecer a quienes nos abrieron la puerta tras gritar ¡buenas tardes!, a quienes se dieron un espacio para contarnos sobre su vida y experiencia con los servicios médicos. Agradecer a quienes nos ofrecieron un poco de agua e invitaron a sentar mientras hacíamos preguntas. Agradecer a El20 por abrirnos las puertas. recibirnos con alegría, y ayudarnos a crecer como personas.

GRACIAS

Aranzazu/Camila/Daniel/Héctor

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